Si la fecundación fuese oral, habrían más abortos

Escribo mensajes que no pasan desapercibidos y empujo al lector a tomar acción.

Antes, si crees que puedo ayudar a tu negocio a encontrar un titular como el anterior, puedes dejar tu mail aquí para que puede ponerme en contacto contigo.

El titular de esta página simplifica una historia tan completa que eres capaz de imaginártela con muchos detalles.

Yo te voy a explicar mi versión.

Diciembre de 1987, Federico ha quedado con sus amigos para salir de fiesta.

Es Navidad, hace mucho frío y las calles están repletas de luces que hacen que la noche sea mágica.

Federico está convencido de que esa noche conocerá al amor de su vida.

Diciembre de 1987, Marta ha quedado con sus amigas para salir de fiesta.

Es Navidad y decide ponerse su vestido rojo ajustado que tanto le gusta con unos medias negras y zapatos sin tacón.

No se maquilla porque no le gusta.

Marta está decidida de que se lo va a pasar en grande bailando con sus amigas.

Federico entra en el pub del pueblo a las 22:14, se detiene en la puerta, observa y desde ahí ve a una chica iluminada con un foco como si estuviera ella sola encima del escenario.

Vestía de rojo.

Federico sintió el flechazo al momento pero nervioso se sentó en la mesa con sus amigos. Pidió una copa y en 5 minutos se la tomó esperando encontrar en el alcohol la valentía necesaria para acercarse a la chica de rojo.

Marta entró al pub del pueblo a las 22:09 con sus amigas. Nada más entrar se dirigieron a la barra a pedir algo de beber.

Marta se pidió un cubata. Con el primer sorbo notó que estaba más cargado de lo habitual. Aún así no quiso tirarlo porque ya lo había pagado.

22:31, Federico sigue observando a la chica de rojo. Era ya su tercer vaso de un whisky barato y aún no sentía la valentía que le pedía al alcohol para acercarse a la chica de la que se había enamorado.

22:33, Federico decide levantarse de la mesa, habían pasado casi 20 minutos desde que se sentó y no les había dirigido ni una sola palabra a sus amigos.

Estaba decidido a acercarse a la chica de rojo. Pero lamentablemente el valor que lo había hecho levantarse fue desapareciendo paso tras paso mientras se acercaba al chica de rojo.

Ya la tenía encima. La miraba fijamente a los ojos. Ella también le miraba.

Sus miradas se detuvieron a menos de un metro.

Marta le sonrió. Federico asustado siguió de largo y para disimular y no parecer un tipo raro su cerebro orbitó su camino al baño de caballeros.

22:39, Federico sale del baño de caballeros. No sabemos lo que estuvo haciendo en esos 6 largos minutos. Quizás mirándose al espejo avergonzado por no saber hablarle a la chica de rojo. Quizás vomitando para revertir los efectos aún no presentes del alcohol. O quizás buscando una pizca de valor dentro de su corazón enamorado.

Sale del baño con el mismo miedo que lo llevó dentro. Al menos eso decía la expresión de su cara.

El corazón le latía aún más rápido que antes. Miró a la distancia y quería volver al cuartel general con sus amigos.

Al instante se dio cuenta de que para hacerlo tenía que atravesar la sala y cruzarse con la chica de rojo.

22:40, Marta observa a un chico que llevaba 1 minuto de pie delante de la puerta del aseo de caballeros. “Me gusta” se dice a si misma. Le gusta su piel morena, que sea alto, su corte de pelo que le queda corto sin llegar a calvo. Va vestido con una americana marrón claro, una camisa y unos vaqueros.

Intenta apartar la mirada, pero al rato se le escapan los ojos otra vez y vuelve a pensar “Me encanta este chico”.

No es su intención ligar con nadie, pero recuerda que minutos antes ese mismo chico le había mantenido la mirada y le había sonreído.

Cada vez que lo miraba le parecía más atractivo.

El chico guapo empieza a andar en su dirección. Marta cree que es para hablar con ella, como no…¿por qué, si no?

Se repitió la misma situación de antes. Sus miradas se encontraron a menos de un metro. Marta sintió que se volvía a escapar ese momento mágico y no estaba dispuesta a ello.

Cuando Federico volvió a pasar por el lado de Marta, Marta le dio un codazo para llamar su atención y hacerle parar.

Resultó efectivo y Federico le dijo:

-¿Qué haces? – a la defensiva.

-Nada – dijo mientras se encogía de hombros y le regalaba una sonrisa.

Pasaron unos segundos y Federico seguía bloqueado.

-Soy Marta, ¿y tú? – dijo mientras le extendía la mano. No quería perder la oportunidad de conocer al chico guapo de piel morena, alto de pelo corto sin llegar a calvo.

-Soy Federico – consiguió decir Federico mientras apretaba la mano suave y sensible de Marta – encantado de conocerte.

Federico no quiso soltar la mano de Marta mientras la magia seguía surgiendo. El resto del mundo desapareció para ellos. Ya no notaban ni las miradas penetrables de sus amigos, ni la música, ni las otras 47 personas que bailaban en la pista.

Era realmente mágico.

Federico no soltó la mano de Marta y esta tampoco quiso soltarlo, pues temían que ese instante se evaporara a la misma velocidad que el universo había decidido juntarlos.

Era realmente mágico.

Cada vez estaban más cerca, Marta sentía que Federico se iba acercando cada vez más. Pasito a pasito. Suave, suavecito.

Sus manos seguían sin soltarse.

Cuanto más cerca estaba Federico, a Marta le gustaba más. No solo por lo guapo que le parecía y por la magia del momento. Cuando Federico detuvo su rostro delante de la cara de Marta, ese sentimiento creció al descubrir sus ojos verdes.

Era el chico perfecto, se dijo.

22:42, habían pasado solo dos minutos y ambos tenían la sensación de que fuera una eternidad.

Federico invitó a Marta a sentarse a una mesa que estaba vacía. Se sentaron y estuvieron charlando, riendo. Federico invitó a Marta a una copa y él otro vaso del whisky barato.

Lo estaban pasando en grande.

23:39, Marta se levanta de la mesa y le ofrece su mano izquierda a Federico mientras mueve las caderas. Está sonando su canción favorita y quiera bailarla con Federico.

Federico extiende su brazo para coger la mano de Marta, esta la tira con fuerza hasta levantarlo y Federico empieza a sentir los efectos del alcohol que no había sentido hasta ahora.

Marta sigue tirando de Federico hasta llegar a la pista donde ambos empiezan a bailar.

Ambos bailan. Federico disfruta de la alegría de Marta, de su sonrisa, su vestido rojo, su pelo castaño de media melena. Cada vez le gusta más.

23:57, ya hace rato que el alcohol le ha subido a Marta mucho más de lo que está acostumbrada. Le susurra algo al oido de Federico, a este se le dilatan las pupilas.

Marta no le deja tiempo para pensar, le tira del brazo y desaparecen detrás de la puerta del baño de caballeros.

00:07. Federico y Marta siguen en el baño.

00:12. Federico y Marta siguen en el baño. ¿Qué estarán haciendo?

00:21. Federico y Marta siguen en el baño. Esto empieza a ser sospechoso.

00:28, Federico y Marta salen del baño de caballeros y se quedan en la pista bailando.

01:30, es la hora de cerrar el pub. Hace rato que los amigos de ambos se han ido por lo que Federico decide acompañar a Marta a su casa.

01:43, ambos llegan a la casa de Marta. Federico le dice a Marta que es su última noche en el pueblo ya que tiene que volver a la ciudad. Ambos acuerdan en llamarse.

Pasa una semana.

Dos semanas.

Federico sigue esperando la llamada de Marta. Él no puede llamarla porque ha perdido el papel con su número de teléfono aunque sigue con la esperanza de que ella llamará.

Marta está esperando que Federico le llame. También ha perdido el papel con su número de teléfono.

Tres semanas.

Cuatro semanas.

Federico ya empieza a perder la esperanza.

Marta empieza a sentir nauseas, más cansada y a vomitar unos 3 veces al día. No entiende porqué. Sigue esperando la llamada de Federico.

Cinco semanas.

Seis semanas.

Federico sigue con su vida decepcionado con Marta y con el universo por no devolverle la magia de aquella noche.

Marta decide acudir al médico porque cada vez se siente más cansada, sigue con los vómitos y hace más de un mes que no le baja la regla.

Para su sorpresa el médico le dice que está embarazada de 7 semanas. Ella le dice que no es posible, que hace más de medio año que no se acuesta con un hombre. Que la última relación que tuvo con un hombre fue oral.

Siete semanas.

Ocho semanas.

Marta sigue con sus mareos, nauseas, cansancio y vómitos.

Ha estado reflexionado sobre su maternidad y no es algo que entre en sus planes aún así decide seguir adelante con el embarazo porque las experiencias de mujeres que han abortado que ha escuchado no le gustan.

Hasta aquí voy a dejar la historia.

Ahora quiero que reflexiones.

¿Te has dado cuenta de la imagen que te has dibujado solo con el titular de esta historia?

¿Y de la escena que vivieron Federico y Marta, se te ha grabado?

¿Te imaginas lo que hicieron en el baño?

¿Como te sientes?

En tu cerebro han pasado muchas cosas mientras leías.

Has sonreído, te has sentido identificado, te has puesto nervioso, has sentido la magia del amor, se te ha abierto el apetito sexual, has sentido ira, rabia o quizás creas que Marta ha hecho bien.

Te has cuestionado de que un embarazo oral fuese posible.

No te has quedado indiferente. Si es el caso, eres un psicópata y deberías de dejar de leer.

Te diré lo que ha pasado, es muy sencillo.

Te he enganchado con un titular conflictivo para llamar tu atención y he utilizado las palabras para entretenerte, generarte emociones y que llegues hasta aquí.

Eso es lo que permite la escritura persuasiva: utilizar las palabras que generen emociones y empujen al lector a realizar una acción.

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